JEREMIAS 18:1-6
1Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo:
2 Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras.
3 Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda.
4 Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano;
y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla.
5 Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo:
6 ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.
Dios usa diferentes ilustraciones para describir su relación con su pueblo.
El habla de la relación de: El pastor y la oveja; El esposo y la esposa; Un padre y sus hijos, etc.
Todas esas son ilustraciones que resultan de mucha bendición para nosotros, porque nos enseñan importantes lecciones, sobre la vida, sobre nosotros mismos y sobre nuestro Señor.
Vamos a considerar en esta oportunidad, la relación Alfarero y Barro, con el anhelo de que Dios nos hable igualmente, y seamos edificados.
Casi todo el mundo sabe lo que es un alfarero. El alfarero es una persona que moldea el barro para hacer con él diversos objetos. Antiguamente los alfareros trabajaban el barro con las manos, dándole diferentes formas. El barro era puesto sobre una tabla circular que estaba unida por un eje central a una rueda más grande, cerca del suelo. El alfarero, al hacer, girar con los pies la rueda inferior, hacia girar también la rueda superior, y con las manos, moldeaba el barro que giraba. Así, los utensilios de barro eran hechos según la voluntad del alfarero.
