El cristianismo no es una religión que indiferentemente se queda contemplando la grandeza de Jesucristo. Es un estilo de vida que no se conforma a permanecer en una inútil complacencia, sino que consiste en ser activo y emprendedor del difícil, pero próspero camino del Señor.
Los creyentes, como miembros del nuevo pacto, tenemos una serie de requisitos que, como meta a alcanzar, debemos tenerlos siempre presentes.
Vayamos a estudiar estos versículos:
Lucas 6:27-38
6:27 Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen;
6:28 bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
6:29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues.
6:30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.
6:31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.
6:32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.
6:33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo
6:28 bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
6:29 Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues.
6:30 A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.
6:31 Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.
6:32 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.
6:33 Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo
Detengámonos aquí para hacer ciertas aclaraciones: como bien dice el versículo 6:27, debemos amar a nuestros enemigos, hacer el bien a los que nos aborrezcan. Esto no significa un amor emotivo al extremo de agradarnos los que se nos enfrenten como enemigos ni mucho menos que aceptemos lo que hacen, sino un deseo genuino por su bienestar y su eterna salvación. Se trata del amor incondicional que nos debemos los seres humanos, como nos ama Cristo aun cuando hacemos cosas desagradables. Esto tampoco quiere decir que tengamos que permanecer insensibles ante las atrocidades que hacen los que, por sus acciones, se han auto designado enemigos de la sociedad, sino que por el contrario, debemos actuar de forma radical ante sus actos desagradables.
Por otra parte tenemos en el 6:29, que pongamos la otra mejilla al ser herido en una de ellas. A primera instancia, esto nos parece que tengamos que permanecer inactivos y soportar estoicamente todos los maltratos violentos que otra persona haga con nosotros. Eso sería mantener una actitud masoquista lo cual constituye una depravación de cualquier orden. Lo que algunos no saben es que hay muchas maneras de poner la otro mejilla, y que no necesariamente se refiere a actos violentos.
En una ocasión, siendo yo tan joven como de unos 12 años, los estudiantes de mi escuela nos encontrábamos en el campo realizando labores agrícolas. Dos otros estudiantes y yo terminamos temprano el trabajo y nos regresamos a los albergues en el horario de la mañana. Como teníamos hambre y el almuerzo tardaba, tomamos indebidamente parte de los alimentos que otro estudiante, ausente en aquel momento, guardaba para comer antes de acostarse. De vuelta el resto de los estudiantes, Omar, que era el nombre del que habíamos perjudicado, comenzó a preguntar por lo suyo que se había desaparecido. Yo me sentí muy mal comprendiendo cuan impropia había sido mi actitud, y llamé a Omar dispuesto a enfrentar la situación, y le dije: “Yo tomé tus alimentos.” A lo que él me respondió: “Habédmelo dicho antes, hombre; ¿por qué no los tomaste todos? Yo hubiera estado contento… para eso somos amigos”.
La actitud de Omar, siendo tan joven como yo, me hizo reflexionar desde temprana edad que muchas veces poniendo la otra mejilla, no sólo nos hacemos bien a nosotros, sino también a los demás.
Continuemos con los versículos siguientes.
6:34 Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.
6:35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.
6:36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
6:37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.
6:38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.
6:35 Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.
6:36 Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.
6:37 No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.
6:38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.
En estos versículos vemos que por cada acción generosa que hagamos encontraremos, en cordial reciprocidad, otra buena a nuestro favor; pero este principio no debe estar sujeto a una intención ventajosa de hacer el bien por el simple hecho de recibir a cambio. Nuestro Señor Jesucristo dice que eso no tiene méritos porque así lo hacen los incrédulos. El principio consiste en hacer el bien sin esperar nada a cambio, el cual es el verdadero amor. Del galardón se ocupará el Señor que observa en silencio, pero te premia públicamente.
Lo triste sería hacer lo contrario de lo que dice esta regla de oro, es decir, perseverar en hacer el mal porque también el mal nos puede sobrevenir. No se trata de no hacer el mal por temor a lo que nos puede venir solamente, más bien no hacer el mal por el temor santo a Dios quien nos insta a no hacer el mal.
Romanos 12:17No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.
Concluyendo, recordemos que en algún momento, puedo decir con toda certeza, le hemos pegado en la mejilla de alguien quien pudo reaccionar poniendo la otra o devolviéndonos el mismo golpe. Si hemos sido objetos de las dos opciones, claramente podemos distinguir cuál de las dos surtió el efecto positivo. Yo, hace muchos años que lo he definido. Usted tiene el libre albedrío para tomar su decisión.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario